El protagonista, Cris, es un chico de 16 años con una historia marcada por dificultades en la familia. Cris, una mañana, llegó a clase casi 15 minutos tarde. El profesor Alex, que está más que acostumbrado a dicha situación, le recriminó su impuntualidad y le pidió que se marchase de su clase. Cris dijo que de su sitio no se movería y que él no era nadie para tratarle así. El profesor, muy alterado, salió de la clase y fue al despacho de la Directora.

Este suceso ya se había repetido anteriormente. Este mismo profesor le avisó la última vez de las consecuencias de no cumplir con los horarios escolares. El centro escolar puso en marcha el protocolo de convivencia que atiende las demandas relacionadas con los conflictos escolares. La directora llamó al equipo de orientación para que diese una respuesta inmediata al problema de Cris. La Directora junto a Toni, el orientador, acude a la clase e invita a Cris a que le acompañe hasta su despacho. Cris abandonó el aula dando patadas al mobiliario.

El objetivo principal de la actuación de Toni, en un primer momento, fue alejar a Cris al máximo posible de lo que disparó su furia y para ello decidió sacarlo del lugar donde había ocurrido. Se trasladaron al exterior, al jardín del Instituto.

La herramienta que Toni va a emplear, en esta ocasión, para que Cris se calme y reflexione sobre lo ocurrido, va a ser la empatía. Toni es un gran experto en mentalización y conoce el poder que tienen las palabras para transformar la conducta.  La función que Toni llevará a cabo es poner a Cris en la posición de observador externo sobre sus actuaciones para ayudarle a darse cuenta de su propia actuación, es decir, cómo su conducta o las propias palabras hacen reaccionar a los demás.