Las restricciones durante el confinamiento han afectado al desarrollo evolutivo y a la salud mental de los adolescentes. En estos últimos meses continuan apareciendo nuevos casos de menores con problemas del estado de ánimo y trastornos relacionados con el sueño, entre otros.
Durante la etapa de la adolescencia en el cerebro se forman nuevas conexiones neuronales como consecuencia de la interacción en el contexto social. En este espacio de tiempo el adolescente experimenta, por ensayo y error, poniendo a prueba los comportamientos que terminarán ajustándose mejor al entorno donde vive. No se trata sólo de una cuestión de experiencias, ni de aprender de las vivencias, sino que el comportamiento de los adolescentes está muy relacionado con el desarrollo cerebral. Dejar de compartir estas experiencias con sus iguales, en esta edad en la que más necesitan socializar, modifica la estructura cerebral.
En la actualidad, nos encontramos adolescentes que tienen miedo a salir de casa, que han dejado de quedar con sus compañeros y amigas, que pasan muchas horas delante de las pantallas, en juegos online, o que prefieren mantener relaciones a distancia virtuales, sin apenas tener contacto con la realidad. Han dejado de explorar por el miedo que se les ha transmitido a través de los mensajes que llas familias y la sociedad ha estado enviando durante la pandemia.
Los adolescentes necesitan interactuar con sus iguales. Buscan el apoyo entre ellos para deshacerse de los comportamientos infantiles y distanciarse de la protección familiar para encontrar la propia identidad. Si no se da esta interacción social de manera natural en la adolescencia, surgirán los problemas, entre los que se encuentra el estrés.
El estrés afecta a las funciones cognitivas, en mayor medida, a la zona de la corteza prefrontal del cerebro que se encuentra en desarrollo en la etapa de la adolescencia. Un cerebro sobreestimulado por el estrés, bloquea procesos mentales como la toma adecuada de decisiones, la capacidad de planificar y organizar, de razonar y reflexionar, repercutiendo a su vez en el aprendizaje.
Las funciones cognitivas se ven comprometidas por el miedo. A través de la terapia individual con los adolescentes se consigue transformar el miedo en otra emoción más adaptativa, como la curiosidad, con el objetivo de encontrar oportunidades donde antes solo había amenazas.