La empatía, es la capacidad para comprender lo que el otro quiere decir y saber comunicar esa comprensión. Esta capacidad comienza a manifestarse durante la infancia. Se aprende a expresar los sentimientos, a descubrir y comprender los de los demás, y en este aprendizaje tiene mucho peso la educación recibida. La empatía es mucho más que saber lo que el otro siente, implica responder de una manera adecuada a la emoción que la otra persona está intentando transmitir. Se trata de trasladar comprensión además de comprender.
La diferencia en el modo de expresar las emociones se deben a la educación, el modo en que nos educan puede reforzar o inhibir ciertas partes de nuestra biología básica. Desde la infancia, los niños aprenden que los hombres no lloran, y adoptan un rol de fortaleza y ocultación de sentimientos de miedo.
El cerebro tiene dos sistemas emocionales que funcionan simultáneamente: uno dedicado a la empatía cognitiva y el otro a la empatía emocional. El primero comprende circuitos cerebrales de análisis y búsqueda de soluciones, y el segundo nos ayuda a comprender cómo se sienten y actúan los demás.
El cerebro femenino activa el circuito de empatía emocional y permanece más tiempo en empatía emocional, en sincronía con los sentimientos. Mientras que el cerebro masculino está estructurado para buscar soluciones más que para permanecer en sincronía con las emociones de los demás, esto es porque entra en funcionamiento el circuito de empatía cognitiva con mayor rapidez. Pero esto no significa que no le importe lo que otra persona le cuente. Resolver el problema es la manera de mostrar interés. Lanzando su solución útil también conecta las hormonas del bienestar en respuesta al descubrimiento de la solución práctica.
La actitud empática es un proceso que se puede presentar en 4 fases:
1. Fase de identificación
2. Fase de repercusión
3. Fase de incorporación
4. Fase de separación
En la primera fase las expresiones son «Entiendo lo que te pasa». «Entiendo lo que sientes». «Si te estoy entendiendo bien, lo que te pasa es…» Durante el proceso de empatizar, el mundo emocional, cognitivo y físico cambia. En la segunda fase, reflexionamos y nuestro monólogo interno es: «Mientras intento comprenderte, yo siento…». En la fase de incorporación, sentimos que lo comprendemos y buscamos la manera de ayudarle. La última fase de separación, en la que nos situamos a la distancia adecuada, dejamos espacio para que la persona a la que estamos ayudando, una vez que ha encontrado y confiado en sus recursos pueda solucionar su problema.