Hoy en Coppa hemos compartido una conversación tan necesaria como reveladora: cómo acompañar a los adolescentes en su deseo de aprender, en su manera de encontrar sentido a la escuela y en su forma de convivir entre iguales. Una reflexión guiada por la mirada respetuosa de Jaume Funes, que nos ha recordado algo esencial: las miradas adultas pueden construir esperanza.
En un momento en el que la adolescencia suele vivirse desde la preocupación, la urgencia o incluso la incomprensión, detenernos a pensar en cómo miramos, cómo escuchamos y cómo respondemos se vuelve imprescindible. Porque acompañar no es solo intervenir: es comprender, sostener y ofrecer un espacio donde crecer sea posible.
El papel de los adultos que acompañan
En esta conversación destaca una idea central: los adolescentes necesitan adultos presentes, disponibles y capaces de ofrecer respuestas que no cierren puertas, sino que las abran.
Los docentes somos adultos que acompañan vidas en plena transformación, que sostenemos la convivencia y que ayudamos a dar sentido a lo que ocurre dentro y fuera del aula.
Los psicólogos somos figuras de escucha accesible, capaces de ofrecer un espacio seguro donde poner palabras a lo que cuesta nombrar.
Entre todos construimos ese entorno donde crecer, con sus contradicciones, sus búsquedas y sus conflictos, se vuelve un poco más habitable.
El conflicto como parte del proceso vital
Una de las reflexiones más potentes de Jaume Funes:
«Eres la respuesta que recibes».
Esta idea nos invita a revisar cómo respondemos a los adolescentes, qué efecto tienen nuestras palabras y qué tipo de vínculo construimos con ellos. El conflicto con el adulto no es un error ni un síntoma de fracaso educativo. Es parte de la respuesta vital del adolescente, una forma de afirmarse, de buscar límites, de explorar quién es. Chocar forma parte del camino. La clave está en cómo respondemos a ese choque: desde la rigidez o desde la comprensión, desde el miedo o desde la confianza.
Qué respuestas terapéuticas abren puertas
En el ámbito terapéutico, esta reflexión nos lleva inevitablemente a preguntarnos qué intervenciones son realmente útiles. Cuáles ayudan a abrir puertas en lugar de cerrarlas. Qué tipo de escucha permite que el adolescente se sienta visto y no juzgado. Cómo acompañar sin invadir, sostener sin controlar y orientar sin imponer.
En Fundación Viva trabajamos cada día para escuchar vidas, acompañar procesos y descubrir junto a cada adolescente qué necesita para encontrar esas pequeñas dosis de bienestar que equilibran las inevitables dosis de malestar propias de esta etapa.
La riqueza de cada adolescencia
Cada adolescencia es distinta. Cada historia, cada ritmo, cada forma de estar en el mundo tiene su propia lógica y su propio valor. Acompañar implica reconocer esa diversidad y ofrecer un espacio donde todas las formas de ser tengan lugar.
Por eso encuentros como el de hoy son tan valiosos: nos permiten repensar nuestras prácticas, revisar nuestras miradas y recordar que acompañar adolescencias es, ante todo, un acto de respeto y de esperanza.
Gracias a Coppa por abrir este espacio de reflexión compartida y a Jaume Funes por una mirada que nos ayuda a comprender mejor y a intervenir con más sensibilidad, más escucha y más humanidad.