Catia es la madre de John, un estudiante de secundaria. En una de las sesiones de terapia familiar Catia cuenta que su hijo no estudia sino es con su ayuda desde que era pequeño. Cuando se presenta este problema, hay que recordar que en el título que reciba John al terminar los estudios solo aparecerá el nombre del estudiante. La prioridad de un adolescente debe ser la responsabilidad sobre sus actos, en este caso, John tiene como responsabilidad estudiar. El mérito debe ser del estudiante.
En muchas ocasiones, escuchamos en los grupos de padres y madres: «nos vamos pronto porque mañana tenemos un examen», refiriéndose a que sus hijos tienen un examen.
Otro ejemplo, cuando llega John con las notas con una asignatura suspendida y lo demás ha aprobado, Catia cuenta le dice a su hijo : “John, con lo que estuvimos estudiando,….¿qué ha pasado?”.
La respuesta de John, en ocasiones se convierte en una conducta agresiva y en otras evitativa.
Por otro lado, los padres y madres dan mucha importancia a los resultados escolares de los hijos, y en ocasiones no refuerzan el esfuerzo que les cuesta a los menores las tareas escolares.
Encontramos, en ocasiones, una inadecuada comunicación paterno/materno-filial: «eres tonto, no vas a llegar a ningún lado». ¿Cómo crees que puede sentirse el adolescente? Si un padre o una madre le repite a su hijo que «no va a ser nada en la vida», el menor piensa: «para qué me voy a esforzar si no sirve de nada».
La comunicación con los hijos resulta, en la mayoría de las ocasiones, más agresiva que afectiva. Catia aprendió a comunicarse con John, y decirle que le quiere que por encima de las notas, de los problemas, y a decírselo todos los días. Catía enseñó a su hijo a estudiar, además de reforzar el buen comportamiento y el esfuerzo.