Las emociones son organizadoras y motivadoras de la conducta, y funcionan como señales comunicativas.

En la actualidad, entre los adolescentes se ha detectado sentimientos de mayor apatía, desgana, tristeza e ira. Las familias y, también el profesorado en los centros escolares, lo están sufriendo. Los adultos reconocen que se encuentran sin recursos para gestionar las emociones del alumnado.

El contexto social más próximo proporciona oportunidades para experimentar determinadas emociones. También da la oportunidad para reconocer y poner nombre a las mismas. La relación con las figuras de apego es uno de los procesos que fortalecen el desarrollo emocional. Es en la interacción con las figuras de apego donde se aprenden las reglas sobre la expresión emocional:

  • Qué se debe sentir en determinadas situaciones.
  • Cómo regular las emociones
  • Cuándo expresar o no determinadas emociones.

Las emociones funcionan como un sistema de señalización interno que informa a los procesos cognitivo y conductual sobre la situación, para tomar la decisión de seguir adelante o detenerse. Las emociones hacen de guía y organizan la conducta. Actúan como señales comunicativas para otras personas. Regulan las relaciones sociales, motivan la búsqueda de proximidad hacia determinadas personas y determinan la evitación social.

En cada etapa evolutiva se va adquiriendo cierto control de las emociones, a través de estrategias como la distracción, la reconstrucción del pensamiento, el apoyo social, etc… que pueden modificar el propio estado interno.

En los preescolares la estrategia de distracción es adecuada para desviar la atención de una determinada situación (discusión familiar, gratificación inmediata…).  Es alrededor de los 8 años cuando los menores comienzan a redirigir internamente la emoción a través de la distracción cognitiva.

A los 7 años los niños toman conciencia de que la emoción pierde intensidad a lo largo del tiempo porque uno deja progresivamente de pensar en la causa.

Conocemos el valor del apoyo social para controlar estados emocionales negativos, y desde pequeños se busca a la figura de referencia para compartir el malestar. Durante toda la infancia la familia es el principal apoyo, a partir de los 8-10 años el grupo de iguales empieza a ejercer esta función.

A lo largo de los años las personas son cada vez más capaces de regular su vida emocional. El aprendizaje emocional, desde pequeños, está marcado por el contexto social, que regula las expresiones a las diferentes situaciones teniendo en cuenta las consecuencias que les aporta.

En Fundación Viva seguimos trabajando en el desarrollo de la regulación emocional, una de las razones es porque se ha demostrado que influye en el desarrollo de la empatía y el bienestar.