¿Qué es lo que lleva a unos padres a plantearse llevar un hijo a un centro interno o incluso renunciar y poner en marcha el protocolo para que los Servicios Sociales valoren la situación?
Me encuentro con parejas que reconocen que lo han intentado todo por sus hijos. La falta de capacidad parental de estos casos es el principal motivo que les lleva a tomar la decisión de tirar la toalla. Comentarios como: “he perdido la autoridad como padre”, “se ha vuelto a escapar de casa“, “esta mañana se ha marchado al Instituto sin el móvil y me ha dicho que no va a volver”, “se pasa 7 horas al día en istagram”, “ha suspendido todo este trimestre”, “le da todo igual”, “ no se deja ayudar”… Este es el día a día que viven las familias con adolescentes con un comportamiento extremo que no pueden manejar y que les lleva a pensar que no pueden serguir ejerciendo la función de cuidado y educación de los menores.
Las familias con esta problemática, que hasta el momento han pasado por mi consulta, tienen una característica en común: los hijos están en la cúspide de la pirámide, es decir, son niños a los que se les ha concedido poder durante la infancia, poder que siguen demandándo en la adolescencia, con más intensidad. La frustración que genera en los adolescentes no poder obtener los privilegios y gratificaciones que de manera inmediata han conseguido durante la infancia, provoca rebeldía y conflictos diarios en la familia.
Pronto aprenden que la amenaza es una herramienta para salirse con sus dedeos. Los padres acceden a sus chantajes por el miedo a que cumplan lo prometido. Esto a su vez genera en los progenitores culpabilidad, desesperación, frustración, ansiedad, estrés y, en algunos casos, comportamientos agresivos.
Ante estas situaciones, con frecuencia menores y adultos recurren al móvil como mecanismo para aliviar el estrés, la ansiedad, el sufrimiento o malestar interior. Este es otro tema que trataré en próximos post: LAS REDES SOCIALES COMO VÍA DE ESCAPE MOMENTÁNEA AL ESTRÉS.