Las emociones y el pensamiento juegan un gran papel en el bienestar. Las emociones vienen y van, duran segundos. Lo que dura es la actitud. En estados emocionales intensos, el pensamiento se ve afectado. En estado de euforia y en estado de rabia, se comenten muchos errores porque el nivel de emoción está impidiendo tomar las decisiones adecuadas. Modulando la intensidad de la emoción, cambiaremos el pensamiento y la actitud.
¿Qué situación de tu vida cotidiana te incomoda? ¿Qué piensas en ese momento? La próxima vez, anótalo. Un alto porcentaje de los pensamientos que se tienen en situaciones de tensión son pensamientos catastróficos sobre ideas que nunca se llegan a producir. Esos pensamientos son los que generan malestar. Si tratamos de eliminar esos pensamientos y reemplazarlos por otros pensamientos más funcionales ese malestar termina. La tarea trata de visualiza lo que se va a pensar la próxima vez que nos encontremos en una situación que genera miedo o cualquier otro malestar.
¿Qué pasa cuando se genera un cambio en la interpretación de la situación?. El significado que se da a los problemas, el diálogo interno se convierte en un hábito. Detectar cuales son esas cosas que no permiten evolucionar. De la misma manera que la emoción afecta en el pensamiento podemos hacer que suceda que el pensamiento impacte en la emoción. Entrenar el pensamiento. Probando distintos pensamientos hasta que cada persona encuentra un pensamiento que le ayuda a dejar de sentir emociones displacenteras.
Las emociones displacenteras no se pueden evitar, lo que se puede suprimir es su expresión, pero si suprimimos la manifestación de las emociones displacenteras, con el paso de los años se convierten en síntomas, quedan atrapadas en el cuerpo y genera malestar.
Fundación Viva en el programa de entrenamiento en habilidades para el bienestar, se aprende a modular la intensidad de las emociones que provocan malestar y entrenar la actitud que genera bienestar.