En la sesión de La comunicación en las relaciones junto al grupo multifamiliar aprendemos habilidades de comunicación como la escucha activa, la asertividad, el reflejo y el parafraseo.
La comunicación que utilizamos los adultos cuando nos dirigimos a los adolescentes resulta, en la mayoría de las ocasiones, más agresiva, que afectiva. Nos asombramos cuando los adolescentes nos contestan utilizando el mismo tono que nosotros hemos empleado previamente para ordenarles que cumplan las normas. Sin embargo, si nos paramos a observar, una mala comunicación paterno/materno-filial es la que inicia la escalada del conflicto en determinadas ocasiones.
En la sesión de esta semana de los talleres Habilidades de comunicación se ha trabajado el conflicto generado por los errores de la Comunicación. Si los mensajes que le llegan a los adolescentes de forma reiterada son: «eres tonto, no vas a llegar a ningún lado, no estudias, eres un vago,..»… se puede crear en el adolescente el estado psicológico llamado Indefensión aprendida. Cuando esto sucede el patrón de actuación de los adolescentes ante los problemas queda limitado a la paralización, bloqueo, huida, evitación o simplemente, el no afrontamiento. El adolescente tiene la percepción de que haga lo que haga por cambiar, no depende de su actuación. Si la figura en la que más confía el adolescente le dice que «no va a ser nada en la vida», al final termina creyéndoselo, además se siente incapaz de hacer algo ante ello, por lo que no merece la pena realizar ningún el esfuerzo para «llegar a ser nada», como le repiten en la familia. Tampoco encuentra la solución al problema porque no puede pedir ayuda al adulto, en el que hasta ahora confiaba, porque percibe que es quién le está generado este sentimiento.
Para restablecer de nuevo la confianza en la relación materno/paterno-filial, la primera medida que los adultos debemos poner en marcha es el autoconocimiento y la regulación de nuestras propias emociones. Imprescindible conocer las características de la etapa de la adolescencia y lo que implican los cambios en los diferentes aspectos del desarrollo psicoafectivo, moral, corporal y social, cómo afecta a la convivencia familiar, a la relación con sus iguales y a la interacción en los diferentes contextos en los que se relaciona el menor.