Hoy en la Escuela de Familias de Fundación Cruz Blanca, un espacio donde cada semana el grupo de Madres Valientes comparten aprendizajes, experiencias y una fuerza colectiva que emociona.
En este grupo, cada encuentro está liderado por una de las participantes, lo que convierte cada sesión en un acto de generosidad y empoderamiento. Hoy hemos tenido la suerte de disfrutar de una propuesta preparada con enorme dedicación, cariño y compromiso. Cuando una madre guía al grupo, no solo comparte contenido: comparte vida, mirada y camino.
La próxima semana continuaremos avanzando y pondremos en práctica lo aprendido hoy, reforzando esa idea de que el crecimiento es un proceso compartido, paso a paso y siempre acompañado.
Para cerrar la mañana, Janire, voluntaria del programa, nos ha regalado una clase de defensa personal, un momento de conexión con el propio cuerpo, de confianza y de fortalecimiento interno. Un recordatorio de que la seguridad también se construye desde dentro.
Este es un espacio seguro, valiente y profundamente humano, lleno de mujeres que se sostienen, se escuchan y se impulsan unas a otras. Cada sesión reafirma que cuando las mujeres se acompañan, algo poderoso sucede.